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La jactancia de Donald Trump no podrá vencer al coronavirus

La jactancia de Donald Trump no podrá vencer al coronavirus

Si en algo coinciden los demócratas y algunos republicanos es en definir al presidente Donald Trump con los rasgos que consideran más irritantes. No hay mejor descripción: la profunda necesidad de elogios personales, la propensión a culpar a los demás, la falta de empatía humana, la inclinación a reescribir la historia, el desprecio por la experiencia, la distorsión de los hechos, la impaciencia con el escrutinio y la crítica. Esos, también han sido rasgos que el mundo entero ha visto durante las últimas semanas, ante una crisis de salud que se le hace insostenible.

Acostumbrado solo a lidiar con la bancarrota, las deudas, los recaudadores de impuestos, o las crisis de su propia creación con adversarios humanos a los que sabe enfrentar, el Emperador Naranja ha demostrado que ante verdaderas contingencias es incapaz de articular un comportamiento racional para salvar su ciudadanía.

Bien lo sabe Michael D´ Antonio, su biógrafo, cuando dijo que Trump se enfrenta a un problema, tratando de engañar de alguna manera o arreglar el resultado antes de tiempo para poder construir una narrativa que demuestre que es el ganador.

Sin embargo, en las circunstancias actuales son otras las condiciones, por eso, D´Antonio afirmó que Trump no puede jactarse ni bramar a las personas que mueren, siendo la calidad de los datos y la cifra de los afectados los que han determinado un cambio en su discurso y no el sufrimiento humano.

Un análisis de los periodistas estadounidenses Peter Baker y Maggie Haberman permite comprobar la ignorancia del magnate y su egolatría constante al arremeter contra expertos, culpar a China, pelearse con los periodistas y afirmar que sabía que el coronavirus era una pandemia a la par que se felicitaba por su gestión al frente de la crisis.

Los asistentes-escribieron Baker y Haberman-han entendido por mucho tiempo que Trump necesita escuchar apoyo para sus decisiones, preferiblemente descrita en superlativos.

Así la historia se completa y alcanza total coherencia al escuchar a los funcionarios de la Casa Blanca, quienes han entendido que el mayor anhelo de su presidente es la adulación.

El vicepresidente Mike Pence encabeza la lista de adulones y repite día tras día o en el transcurso de una sola sesión: “Señor presidente, desde el principio, usted tomó medidas decisivas”, como expresó en una.

Tras su ejemplo siguen asesores y expertos que desaprueban las consideraciones presidenciales en su interior y agradecen, externamente,  las medidas más recientes con tal de mantener un puesto en el equipo político.

Aunque el republicano demuestre que es capaz de vencer en los negocios del sector inmobiliario con mentiras y rejuegos en los que media el poder del dinero, ante el coronavirus no sucede lo mismo.

Trump nunca imaginó que enfrentaría una pandemia, un asesino invisible inmune a sus bravuconadas, en cada ocasión anterior, se enfrentaba a un ser humano o a grupos de seres humanos, expresó la autora de una biografía de la familia Trump. “Y obviamente el coronavirus no es una persona, no puede ser intimidado”.

Trump intenta llevar la situación actual al mundo al que está acostumbrado: el de ganadores y perdedores. En este que se fabrica tampoco tiene lugar como perdedor.

 

 

Patricia María Guerra Soriano      22_3_19

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siempremadrigal@gmail.com

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